Límites en las relaciones personales

Límites en las relaciones personales

A lo largo de nuestra vida ponemos en marcha todo tipo de habilidades sociales con las diferentes personas que tenemos a nuestro alrededor. Empezamos a ponerlas en marcha siendo bebés, aprendiendo a comunicarnos con nuestro entorno para pedir o mostrar nuestras necesidades: comida, aseo, atención… y estas habilidades se van desarrollando y sofisticando a lo largo de nuestro desarrollo. Al llegar a la edad adulta, ya no nos enseñan de manera directa a comportarnos socialmente, se da por hecho que hemos adquirido todos los requisitos para desenvolvernos en cualquier entorno; habiendo logrado un enorme listado de habilidades consideradas sociales: saludar, pedir ayuda, hacer un halago, aceptar una crítica, iniciar una conversación, presentarse, y un largo etcétera. Sin embargo, una de las más complicadas y más comúnmente demandadas en terapia es “Poner límites”.

Decir que no, hacer una crítica o pedir un cambio de conducta son de las habilidades más costosas de adquirir para algunas personas. ¿Y por qué es importante ponerlas en práctica?

Pues bien, es una creencia común pensar que poner límites se puede confundir con ser egoísta y que incluso NO ponerlos está bien visto. Al no hacerlo, muchas veces se reciben verbalizaciones del tipo “que buena persona es” “que generoso/a” “se sacrifica por los demás”; y a pesar de que estas afirmaciones son muy satisfactorias de recibir a corto plazo, a largo plazo lo que van a generar es la incapacidad de esa persona a decir que no por no salirse de esas etiquetas. Sin embargo, aprendiendo a poner límites, y aunque esta sea una práctica difícil de poner en marcha, se pueden ver muchos beneficios personales

  • Nos permiten comunicarnos de manera sincera con las personas que nos rodean
  • Comunicamos honestamente nuestros deseos, y rechazamos aquello que nos incomoda
  • Aumenta la autoestima al escuchar nuestras necesidades propias y ser capaces de comunicarlas
  • Favorece el respeto por parte de las otras personas
  • Adquirimos mayor capacidad para resolver conflictos de manera exitosa
  • Mejora nuestras habilidades sociales en los diferentes contextos

 

Ahora bien, ¿Cuál es la manera idónea de poner límites? ¿Puedo aprender a hacerlo? Aquí entra en juego la asertividad. La asertividad se define como aquella capacidad o habilidad comunicativa que nos permite compartir nuestros propios deseos y necesidades respetando también los deseos y necesidades de los demás. Desde la asertividad se tiende a “llegar a un acuerdo”, no a “ganar o perder”.

Esta habilidad bien puede aprenderse de diferentes maneras. Podemos haberla adquirido por imitación a personas de nuestro entorno, y desde pequeños haber sido enseñados a comunicarnos de esta manera; por experiencias propias que han ido moldeando y cambiando poco a poco nuestra conducta hasta llegar a un estilo comunicativo satisfactorio; o incluso se puede aprender de manera consciente y voluntaria como, por ejemplo, en terapia.

Si consideras que te cuesta poner límites y que sueles complacer de manera constante a los demás generándote altos niveles de malestar; te invito a que contactes con Tu psicólogo de Alcalá de Henares, y desde nuestro equipo, podemos ayudarte adquirir las habilidades necesarias para poner fin a estas situaciones.

Silvia Iglesias Otero
Experta en Terapia Infanto-juvenil