Inside out 2: emociones e identidad

Inside out 2: emociones e identidad

*¡ALERTA SPOILER!* El artículo que encontrarás a continuación contiene spoilers de las dos películas de “Del revés”, por lo que recomendamos verlas primero si no quieres desvelar antes de tiempo detalles importantes de la trama.

En la primera entrega de “Del revés”, la película nos presentaba las emociones protagonistas de la mente de una niña llamada Riley: Tristeza, Ira, Alegría y Miedo. Emociones que, cada una con su importante función, se encargaban de dirigir las acciones y decisiones de esta niña a lo largo de toda la película. Aprendiendo finalmente que todas son importantes, y que el trabajo en equipo es lo que conduce al equilibrio mental necesario.

En esta segunda película, Riley acaba de alcanzar la adolescencia, y con ella, llegan a su mente emociones más complejas: Ansiedad, Vergüenza, Aburrimiento y Envidia; poniéndolo todo patas arriba. Podemos apreciar también que la Isla mental de la Amistad ahora es muy grande, ocupando un espacio mucho mayor que la Isla de la Familia. Esto es así porque en la adolescencia existe un proceso de desapego de los miembros de nuestra familia, cobrando mayor importancia las opiniones y validación del grupo de amistades, en un proceso necesario para la individualización y la conformación de un autoconcepto separado de la identidad familiar.

Aprendemos que Ansiedad se encarga de proteger a Riley de peligros futuros que aún no puede ver, mediante la imaginación y proyección de miles de escenarios futuros catastróficos. Para evitar dichos escenarios, Ansiedad conduce a Riley a la toma de una serie de decisiones que tienen como objetivo aliviar momentáneamente el malestar que genera la imaginación de todos estos escenarios. Olvidando que, la ejecución de estas conductas, puede conducir a consecuencias igualmente negativas en el medio o largo plazo, como perder amistades importantes para ella. La mente de Riley, y la de todos nosotros, funciona de tal forma que prioriza el sesgo negativo, es decir, percibir peligros e información negativa, dado que es más crucial para la supervivencia ver el peligro, el león a punto de abalanzarse hacia nosotros, que disfrutar de un agradable paseo por la naturaleza. El león puede matarte, pero no deleitarte de dicho paseo no entraña ninguna amenaza. Además, ante peligros a corto plazo y a medio/largo plazo, nuestra mente siempre va a darle mayor importancia a los más inmediatos, ya que al vivirse como más próximos parecen más urgentes, pero no siempre son más importantes. Sin olvidar la fusión que sucede en nuestra mente entre pensamientos y realidad, pudiendo ser disparadas nuestras emociones de igual forma ante un estímulo imaginado que ante uno real.

También podemos apreciar que los recuerdos se almacenan en el fondo de la conciencia de Riley en forma de su sistema de creencias, tales como “soy buena persona” o “soy mala amiga”. Y que, dichas creencias, conforman su identidad. Esto sucede durante toda nuestra vida, pero especialmente en la infancia y la adolescencia, donde la recopilación de estos recuerdos nos da una información muy necesaria acerca de cómo somos, cómo nos ven nuestros seres queridos, cómo son los demás y qué podemos esperar de las personas de nuestro entorno. Los recuerdos de momentos concretos forman parte de lo que llamamos la memoria episódica, mientras que el sistema de creencias estaría comprendido en lo que conocemos como memoria semántica, guardando información acerca de nosotros mismos y de los demás. No todos los recuerdos llevan la misma “etiqueta” de relevancia para pasar a forma parte de la memoria a largo plazo y de nuestra identidad, sino que aquellos que incluyen a nuestros seres queridos más cercanos así como los que son repetidos en el tiempo tienen más probabilidad de ocupar un lugar más central en nuestro autoconcepto. Esta información puede llegarnos por vía directa, por ejemplo, mediante un recuerdo en el que nuestra familia nos dice explícitamente que están orgullosos de nosotros, o de forma indirecta, si nuestros seres queridos comparten delante de nosotros con otras personas lo mucho que nos aprecian. Lamentablemente, también pueden llegarnos mensajes negativos, como cuando nos dicen que nos valemos lo suficiente o cuando no refuerzan o incluso ignoran nuestros logros y/o cualidades personales, pudiendo esto llegar a dañar nuestra autoestima.

Hacia el desenlace de la película, vemos como Riley sufre un ataque de ansiedad, dominada por una avalancha de pensamientos negativos y síntomas físicos como sudoración, taquicardias e hiperventilación. A esta reacción fisiológica se la conoce como la respuesta de lucha o huida, desencadenada cuando nuestro sistema nervioso autónomo detecta una amenaza, independientemente de si esta es real o imaginada. Esta reacción activa la rama simpática, preparando al cuerpo para luchar o huir, y es por ello que hace que nuestro corazón bombee sangre más rápido (taquicardias), para llevar la sangre rápidamente a todas las partes del cuerpo para pasar a la acción, o nos hace respirar de forma rápida y superficial (hiperventilación), para aprovisionarnos de todo el oxígeno que un esfuerzo físico requiere. Podemos observar cómo Ansiedad toma el control de la mesa de mandos, pasando de la hiperactividad a un estado de congelación y bloqueo de la que solo Alegría es capaz de sacarla. Además, Riley es ayudada por sus amigas, que acuden a consolarla y apoyarla. Esto nos habla de la importancia de la co-regulación, es decir, de ser capaces de, además de autorregularnos y calmarnos a nosotros mismos, poder dejarnos ayudar por nuestros seres queridos.

El final de la película nos trae la reflexión de que necesitamos almacenar y poder recuperar los recuerdos más relevantes de nuestra vida, no solo aquellos relacionados con emociones más agradables, sino también aquellos que pueden ayudarnos aprender de nuestra historia y no volver a cometer ciertos errores de nuestro pasado. Todas las emociones son importantes, incluyendo la ansiedad, ya que sin ella podríamos ignorar peligros para nuestra supervivencia física y/o mental. Necesitamos su sabio aviso cuando, por ejemplo, nos informa de que debemos hacer cambios en nuestra rutina para darle más espacio al autocuidado, o cuando alguien de nuestro entorno es peligroso para nuestra salud mental y debemos distanciarnos. Sin embargo, cierto es también que debemos poner límites a esa ansiedad y no dejar que nos domine por completo. No somos nuestra ansiedad, no somos los pensamientos ni las decisiones que tomamos con nuestro sistema de alerta activado, esto no nos define. Sino que somos esa parte que la gestiona, que habla con ella recordándola que en algunos momentos se activa como una falsa alarma, porque no hay ningún peligro. Somos esa parte que calma a nuestro cuerpo cuando sus efectos llegan a nuestro sistema nervioso. Y somos esa parte que utiliza su imaginación no solo para idear mil escenarios catastróficos, sino para proyectar también futuros esperanzadores y trabaja para alcanzarlos.

Podemos preguntarnos si habrá tercera película, y en caso de haberla, qué trama contemplaría. Sería interesante conocer a Riley llegando a una edad más madura, con nuevos retos que resolver relativos a una etapa evolutiva de juventud. También valoraríamos la aparición de otras emociones complejas, como la culpa, que podría enseñarnos cómo el sentido saludable de la responsabilidad puede hacernos cuidar nuestras acciones para no dañar a los demás, mientras que una sensación de culpa excesiva podría llevarnos a no priorizarnos y permitir que los demás nos dañen. También podría aparecer el amor romántico, y apreciar así cómo esta emoción toma el control de nuestras acciones durante los primeros meses de una relación de pareja. O, incluso, si nos atrevemos a ir más allá, podríamos ver cómo Riley acude a terapia psicológica, observando cómo aprende a equilibrar sus emociones y su autoconcepto, guiada por un profesional de la psicología.

No olvides que, si como Riley, te cuesta gestionar tus emociones más desagradables, o si notas que tu sistema de creencias y tu autoestima son muy negativas y te conducen a decisiones y situaciones que preferirías evitar, en Tu psicólogo en Alcalá de Henares podemos ayudarte. No dudes en pedir ayuda a nuestro equipo de profesionales de la psicología si lo necesitas.

Lucía Pablos Domingo
Psicóloga General Sanitaria, Experta en Psicoterapia Integradora Infantil y Máster en Sexología y Terapia de Pareja