La influencia de la presión del grupo

La influencia de la presión del grupo

Los seres humanos somos seres sociales por naturaleza y adquirimos un sentido de pertenencia al participar en un grupo. Desde pequeños, somos moldeados por las influencias de nuestros padres, familiares, amigos y también nos afectan las tendencias y normas sociales que nos rodean. Compartimos creencias, ideas, emociones y pensamientos y buscamos alcanzar objetivos comunes a través de los cuales establecer relaciones e influirnos entre nosotros.

En el ámbito de la psicología, el impacto del grupo en el comportamiento individual ha sido objeto de estudio durante décadas. Diversas investigaciones han demostrado que la presencia de un grupo puede influir significativamente en las decisiones y acciones de una persona, tanto de forma positiva como negativa.

¿Por qué las personas somos influenciables?

La influencia es un proceso de relación que se establece entre el grupo y el individuo y una de las formas en que lo hace es a través de la conformidad. Al integrarse en un grupo, el individuo se ve expuesto a nuevas pautas de comportamiento compartidas por los miembros del mismo. Progresivamente las van integrando en su repertorio, y modifican y reemplazan las que el individuo ha adquirido a través de su cultura, sociedad y experiencias personales, incorporándose así a su propia forma de actuar. Este proceso ocurre de igual manera en los pensamientos, los cuales se ven influidos por las normas, valores y expectativas de los grupos a los que pertenecemos, ya sea en el ámbito familiar, escolar, laboral o social.

Además, el grupo también puede influir en la conducta individual a través de la identificación social. Cuando una persona se identifica fuertemente con un grupo, tiende a adoptar los valores, creencias y comportamientos de ese grupo como propios. Esta identificación puede influir en cómo la persona se ve a sí misma y en cómo interactúa con los demás, lo que a su vez puede afectar su comportamiento individual.

En resumen, el grupo tiene un impacto significativo en la conducta individual, tanto a través de la conformidad como de la identificación social y, en cualquier caso, produce que los integrantes tengan una cierta previsibilidad de comportamiento, favoreciendo o no, la eficacia de las conductas individuales y su desempeño.

¿Es siempre positivo el impacto del grupo en la persona?

La influencia sobre el individuo se desarrolla durante el proceso de integración social que este va realizando dentro de su grupo. Cuando el poder del grupo es muy fuerte, sus integrantes pueden llegar a experimentar intensos sentimientos de solidaridad y lealtad a este.

Son muchos los estudios que demuestran este conformismo en grupos (familiares, de amigos, de compañeros de trabajo, etc.) para satisfacer una necesidad de gregarismo y de sentido de permanencia en ellos. Se ha comprobado científicamente que la presión puede llegar a cambiar la opinión objetiva de algunas personas, limitando la individualidad y autenticidad, pudiendo resultar problemático para la persona. Por ejemplo, cuando prefieren la decisión colectiva ante el temor a una evaluación negativa por sus compañeros o de ser ridiculizados por ellos, terminando por aceptar lo que se le impone por mayoría y no expresando su opinión, preferencia o personalidad individual. Esta forma de responder, conlleva no desarrollar soluciones diferentes a las propuestas por la mayoría. Para los estudios, la influencia del grupo sobre sus miembros hace perder de sus miembros su individualidad.

Esta influencia no siempre es negativa; también puede fomentar la superación de barreras y desafíos en distintas facetas de nuestra vida. Esto dependerá de la dinámica y los valores del grupo en cuestión. Por ejemplo, formar parte de un grupo comprometido con los estudios, puede repercutir positivamente en el rendimiento académico de un adolescente, impulsando así la motivación por el estudio. Un factor fundamental también es la búsqueda de nuevas experiencias, que nos abre la puerta a distintas interacciones sociales e intereses culturales.

En definitiva, la interacción con los demás puede ser una fuente de crecimiento personal y una oportunidad para expandir nuestras capacidades, siempre y cuando seamos conscientes de su influencia y, pese a ello, seamos capaces de mantener nuestra identidad cuando sea beneficioso.

¿Cómo prevenir y afrontar esa presión grupal no conveniente?

Como acabamos de comentar, a lo largo de nuestra vida, absorbemos de manera inconsciente las normas, creencias y costumbres de estos grupos, y las incorporamos a nuestra forma de pensar y actuar. Es importante ser conscientes de este fenómeno para poder tomar decisiones más autónomas y no dejarnos llevar ciegamente por lo que nos dicta el grupo, sino buscar un equilibrio entre la influencia de este y nuestra individualidad. De esta forma, podremos desarrollar una conducta personal más genuina, alineada con nuestros propios valores y deseos, que fortalezca nuestra autonomía y podamos tomar el control de nuestras acciones, incluso en situaciones de presión social.

Existen diferentes técnicas de habilidades sociales que podemos poner en marcha para salir airosos de situaciones donde experimentamos la presión de grupo. Aquí os proponemos algunas:

  • Técnica del disco rayado. El objetivo de esta técnica es ser persistentes con nuestra intención, sobre todo cuando estamos tratando con una persona especialmente insistente y tendemos a justificarnos o poner excusas (por ejemplo, un amigo que te presiona para saltarte clase). En esa situación, repetiremos la misma frase hasta que quede clara nuestra postura. Un truco muy útil es expresar primero nuestra comprensión (“entiendo que tú, comprendo que tú…”) y después nuestra opinión (“yo no quiero… yo quiero…”).

 

  • Técnica del banco de niebla. Nos puede ayudar a salir de situaciones embarazosas o en las que la otra persona está buscando el conflicto, cuando nosotros queremos posponer o enfriar la discusión. Consiste en encontrar un elemento de su discurso con el que estemos de acuerdo y darle la razón. No debemos utilizar la ironía ni intentar defendernos. Por ejemplo:
    • Estamos hartos, últimamente siempre te vas con otro grupo.
    • Entiendo que estéis molestos si pensáis que estoy anteponiendo a otras personas.
    • No se como te gusta ese plan.
    • “Bueno, para gustos los colores…”

 

  • Técnica del sándwich. Esta técnica se puede utilizar cuando queramos hacer una crítica o rechazar propuestas. Podemos imaginarnos un sándwich, en el que las tapas de pan serán aspectos positivos de la persona y el interior será lo negativo. De esta forma, empezaremos nuestro discurso con algo que nos haya gustado de la persona o agradecimiento a ella, seguiremos con el cambio de conducta que queremos pedir o rechazando la petición que nos han hecho y acabaremos con otro mensaje o propuesta positiva. Por ejemplo, cuando nuestro grupo de amigos siempre hace los mismos planes, podríamos decir: “me lo paso muy bien saliendo de fiesta con vosotros, pero me gustaría que algún día probásemos planes nuevos. Seguro que juntos se nos ocurre algo guay y distinto para este finde”.

 

Si estas atravesando un momento en el que sientes presión por parte de un grupo, y no sabes cómo poner límites o sobrellevar esa situación, en Tu Psicólogo en Alcalá de Henares te esperamos para ayudarte a encontrar ese equilibrio del que hemos hablado en este blog.

 

Marta López Calero
Experta en Terapia Infanto-juvenil