GESTIÓN EMOCIONAL

GESTIÓN EMOCIONAL

Gran parte de nuestras dificultades psicológicas son debidas a una mala gestión emocional. Pero, ¿Cómo podemos gestionar nuestras emociones? Recurrentemente las personas creen que la gestión emocional consiste en controlar las emociones, pero, ¿puedes dejar de estar enfadado, triste o contento cuando quieres? Quizás puedas hacerlo durante un cierto período de tiempo, pero me temo que eso no es controlar si no reprimir tus emociones y las consecuencias que eso conlleva son muy negativas. Por eso en psicología no hablamos de control sino de aceptación y gestión.

Una buena manera de entender en qué consiste la gestión emocional es a través de la metáfora del mensajero.

Nuestro organismo nos manda mensajes en forma de emociones cuando cree que podemos necesitarlos. Su intención es que recibamos siempre el mensaje, ya que nuestra vida podría estar en juego. Por ejemplo, si estamos en una situación de peligro, es el mensaje del miedo lo que nos movilizará a protegernos y sobrevivir.

Para hacernos llegar los mensajes, nuestro organismo tiene contratado a un mensajero, al que le dice: “tienes que entregar este mensaje y asegurarte de que la persona lo recibe”. Si no lo recibe, serás despedido”. Por tanto, el mensajero querrá entregarnos el mensaje a toda costa: se está jugando mucho. Al principio, el mensajero vendrá con una sonrisa: aparecerá en nuestra puerta con un paquete rojo (“emoción desagradable”). Nosotros, al verle desde la ventana con el paquete rojo, no querremos abrirle: “ahora tengo cosas que hacer, le abriré después”.

Ante esto el mensajero aporreará la puerta. Si seguimos sin abrirle, comenzará a tirar piedras a la ventana, y si seguimos sin hacer caso, empezará a usar técnicas de guerrilla: taladradoras, gases lacrimógenos…

¿En qué se traduce esto? Cuando no hacemos caso a las emociones desagradables, se vuelven más intensas. Aparecen sensaciones físicas desagradables, pensamientos intrusivos etc. Podemos tener una buena relación con nuestro mensajero, y abrirle la puerta cuando venga; o podemos tener una relación horrible con él y que asalte nuestra casa, con el malestar que eso conlleva.

OJO: el mensajero no nos pide que hagamos lo que dice la emoción, solo nos pide que abramos el paquete, observemos y entendamos el mensaje. No tenemos que asumir como cierto lo que dice. Cuando abramos la puerta al mensajero, más suave y breve será la emoción, y más sencillo resultará gestionarla. Ya tendremos el mensaje, y podremos decidir qué hacer con él.

Una vez que hemos abierto la puerta al mensajero y hemos recibido el mensaje de la emoción, ¿Qué podemos hacer con él?

ESCUCHARLO: ¿Qué nos quiere decir?

Cada emoción tiene un mensaje. Es importante ponerle nombre a la emoción para saber qué mensaje nos trae. Por ejemplo, la culpa puede decirte que quizá has actuado mal, has hecho daño a otra persona por tu acción o inacción…

ANALIZARLO: ¿tiene razón o no?

El mensajero solo nos pide que atendamos al mensaje de la emoción, no que le hagamos caso. Esto es porque el mensaje a veces será aceptado, pero otras será una falsa alarma. Nuestro organismo prefiere equivocarse enviando una falsa alarma que quedarse sin enviar un mensaje que hubiera sido necesario.

Por ejemplo, sabiendo cuál es el mensaje de la culpa, pienso en la situación, y decido si tiene razón o no:

  • Tiene razón si: me doy cuenta de que he actuado mal, estaba irritado y lo he pagado con mi amigo hablándole fatal.
  • Es una falsa alarma si: me doy cuenta que no he hecho nada malo, mi amigo se ha molestado porque no me apetecía salir. Al enfadarse conmigo, me ha hecho sentir culpable, pero esto no significa que lo sea.

 

ACTUAR PARA REGULAR LA EMOCIÓN

Según si el mensaje de la emoción es real o es una falsa alarma, actuaremos de un modo u otro y esto nos ayudará a regular la emoción. Ponerle nombre a la emoción, saber cuál es su mensaje y determinar si tiene razón o es falsa alarma, nos permitirá actuar en consecuencia y así ir limpiando la emoción.

Por ejemplo, si el mensaje tiene razón: me ayudará a sacar un aprendizaje de la situación y me movilizará a actuar pidiendo disculpas a mi amigo por mi comportamiento.

Si el mensaje resulta ser una falsa alarma: podré canalizar la emoción sabiendo que esto es así. Entender que sentirme culpable no es lo mismo que ser culpable, que mis emociones no siempre me dicen la verdad y que puedo dejar ir la culpa.

 Las emociones nos ayudan en el día a día y gracias a ellas obtenemos muchos beneficios, algunos de ellos son:

  • Alcanzar nuestro máximo rendimiento. Por ejemplo, la ansiedad nos activa y nos prepara para poder conseguir nuestros objetivos. Hace que el cerebro consuma más glucosa para poder llegar a la solución. Estar demasiado relajado no favorece la resolución de problemas.
  • Evitar conflictos. En ocasiones, en las relaciones sociales, se temen los conflictos y se ocultan las «emociones desagradables». Pero esto hace que a medio plazo el conflicto sea mayor. Porque la emoción queda enquistada y se hace más intensa e irracional.
  • Conseguir nuestros objetivos. Las emociones mueven el mundo ¿verdad? Cuando algo te mueve a nivel emocional te prepara para actuar. El ocultar la emoción o intentar evitarla hace que no conozcas lo que ocurre en ti.

 

Expresar nuestras necesidades y mejorar nuestro autoconocimiento. La emoción te muestra que es lo que te gusta o te disgusta. Te muestra aquello que, en ocasiones, se encuentra en tu inconsciente. Y ello es lo que te produce malestar. Aquel malestar que muchas veces no sabes explicar. Si crees que necesitas ayuda profesional con tu gestión emocional, en Tu Psicólogo en Alcalá de Henares estaremos encantados de realizar una evaluación de tu caso y ofrecerte las mejores soluciones, totalmente personalizadas.

 

Isabel Toldos Cañizares
Máster en Psicología Clínica Infanto-Juvenil