La Ansiedad de hoy

La Ansiedad de hoy

El mundo que nos ha tocado vivir cada vez es más complicado, complejo, inquietante. En estos días, cada vez es más difícil atraerse de la actualidad de los pronósticos, a veces, no demasiado halagüeños para el futuro. Es cierto que en cada lugar del mundo todo se vive de manera bastante diferente, tanto por la localización geográfica, como por la cultura en la que está inmersa la sociedad en que se vive, pero también es cierto que nos enfrentamos a ciertos retos conjuntos, que vamos a tener que enfrentar de manera global. Conviene puntualizar que este escrito se ha creado desde el prisma de la cultura occidental, de un europeo del sur del continente. Antes de seguir, para evitar caer en tremendismos y catastrofismos irracionales (cosa de la que luego hablaremos), hay que apuntar que sin duda lo dicho hasta aquí es cierto, de la misma manera que en cualquier tiempo de la humanidad nos hemos enfrentado a retos difíciles, sin que la mayoría de las personas fueran consciente de ello, y hasta aquí hemos llegado. Quizá la principal diferencia es que hoy en día disponemos de una inmensa cantidad de información global en cualquier momento y lugar.

En el mundo en que vivimos, habitualmente, estamos en contacto casi continúo con una gran cantidad de estimulación estresante, muchas veces de tipo aversiva (o lo que es lo mismo, que nuestro organismo detecta como peligrosa por su posible potencialidad dañina). Recordemos que el estrés es una respuesta fisiológica natural de nuestro organismo, y no hay nada malo en ella, de por sí. El problema es que nuestro organismo tiene una cantidad de recursos finitos diarios y no podemos someterlo a tal cantidad de exigencias, porque puede acabar dándonos problemas inmediatos, a medio y/o largo plazo. A menudo, como decíamos en la introducción, mucha de la información que recibimos a diario es compleja e inquietante, que unido a que la excesiva cantidad de información que debemos manejar a diario, lo que nos pone en ciertos riegos para nuestra salud. Antes de seguir, sería conveniente diferenciar entre la información que recibimos, entre la propia, la cercana, la próxima y la más amplia o lejana. La estimulación propia sería la que emana de nuestro propio organismo, ya sea en forma de sensaciones o pensamientos; la cercana tendría que ver con nuestro entorno contiguo: que haceres, trabajo, familia, pareja…; la próxima tendría que ver con lo social: nuestra vecindad, barrio, ciudad, región…; y por último la más amplia o lejana, la que tiene que ver con el país en el que vivimos, los continentes, el planeta, el universo. ¿Por qué planteo esta diferenciación? Porque es una clave para buscar formas para sobrevivir en la era de la ansiedad.

Haces décadas que se venía vaticinando que este iba a ser un problema de nuestro tiempo, e incluso hay en el mercado diferentes publicaciones que han intentado proponer estrategias para tratar de adaptarse a todos los cambios que estamos sufriendo (diferentes libros de autoayuda). Con cierta modestia y sin ánimo de hacer una exhaustiva recopilación de posibles estrategias, os comparto algunas de las que podría ser útiles para tratar de sobrevivir a nuestro tiempo (varias se han comentado en otras entradas del blog, pero aquí trataremos de hacer un resumen adaptado a lo que estamos comentando):

1. Piensa globalmente, actúa localmente, ¡¡pero actúa!! Si solo nos quedamos en el pensar, en el preocuparnos, pero no hacemos, solo nos quedamos con las sensaciones aversivas del agobio que nos produce pensar en los problemas y amenazas de nuestro tiempo, estamos perdiendo el tiempo. Según diferenciábamos hace unas líneas, la idea es pensar cuando convenga en lo más amplio y lejano, pero ser conscientes de que la mayor parte del tiempo solo podemos actuar en lo propio, cercano o próximo. Es más, si puedes hacer algo con dicha amenaza, hagamos, pero si no puedes hacer nada o ya has hecho lo que te es posible, piensa en ello en la proporción justa y necesaria.

2. Para dejar de pensar, cuando no nos conviene, sobre lo que no nos conviene o cuando no toca, “parada de pensamiento”. Esta técnica es super fácil de aplicar y suele ser muy, muy efectiva (si no hay algo que lo contravenga o dificulte su aplicación). Aquí tenéis un buen documento online para saber cómo usarla: Parada de pensamiento. También sirven y se pueden usar otras técnicas como agendar los momentos de preocupación o solo pensar con lápiz y papel delante (escribiendo, vamos, que también sirve un ordenador).

3. Vivir en el aquí y ahora. Mindfulness, Yoga, ejercicios de atención plena, focalización de la atención, ejercicios de relajación… sea como sea, entrenar la atención en el momento presente, a la actividad presente, es muy útil para no perderse en otros estímulos amenazantes autogenerados que puedan tener que ver con todos esos retos a los que nos enfrentamos en el mundo actual. Un ejercicio muy sencillo, de andar por casa, aunque como todo, que requiere de constancia y dedicación, es utilizar las actividades habituales y automatizadas para practicar. P. ej. cuando te comes una pieza de fruta; te duchas; te vistes; te lavas los dientes; preparas la comida… tienes una oportunidad perfecta para entrenar la atención plena multisensorial.

4. Modifica y molden tus conversaciones. Pensar y/o decir que “todo se va a la mierda” frente a “tenemos retos complejos que afrontar”, se parece, pero no es lo mismo, no genera las mismas consecuencias en nuestro organismo. Con esto hace falta mucho entrenamiento, pero con paciencia y constancia, también podemos conseguir muchas mejoras. En consulta lo solemos llamar reconstrucción cognitiva. Consiste fundamentalmente en conocer ciertas querencias no convenientes que se producen en las conversaciones internas. Aquí tenéis un documento, algo técnico pero muy detallado y completo sobre cómo hacer este trabajo: Reestructuración Cognitiva.

5. Actúa en consonancia con tus valores. Es muy sabido que existen una serie de reglas, normas o valores internos que hemos ido adquiriendo a lo largo de nuestras historias de aprendizajes que son muy importantes para el bienestar de las personas. Si actuamos en consonancia con ellas, solemos sentir satisfacción y tranquilidad, por el contrario, si actuamos diametralmente opuesto a ello, nos suele generar insatisfacción e incomodidad. Sin entrar en el cuestionamiento de cada uno de estos valores (lo cual también puede ser necesario dependiendo de qué o cuál), suele ser positivo que de vez en cuando reflexionemos sobre ellos y los tengamos en cuenta en nuestro día a día.

6. Limita o restringe el tiempo de contacto con las fuentes de estimulación aversiva. Siempre que sea posible y, la mayoría de las veces lo es, entra en contacto con la información amenazante de manera controlada y agendada. El uso que podemos hacer del móvil o tablets sería el ejemplo perfecto. Hace falta poco comentar sobre este punto, pero hace falta mucho de proponerse, planear y hacer.

7. Contrasta la información que recibes. Además del bombardeo continuo de información que recibimos, también tenemos a nuestra disposición (y debemos contemplar) de otras informaciones para contrastar las anteriores. En la era de la “posverdad”, los bulos, mentiras y falsas informaciones no dejan de correr por redes sociales e incluso medios de comunicación. Por tanto, es fundamental armarse de paciencia y corroborar adecuadamente dicha información, con las fuentes más fiables y confiables.

 

Cada una de estas propuestas no resuelven por sí mismas cualquier problemática y, aunque parezcan sencillas a veces no se consiguen aplicar correctamente y aprovechar suficientemente. Si lo crees conveniente, contacta con Tu psicólogo en Alcalá de Henares, será un placer tratar de asesorarte y ayudarte a aplicar cada una de estas técnicas y estrategias.

 

Francisco Morato Bermejo
Especialista en Psicopatología, Intervención Clínica y Salud