Agotamiento por estrés

Agotamiento por estrés

Aunque el estrés o, mejor dicho, la respuesta de estrés y las consecuencias que puede tener para nuestros organismos parece un tema muy manido, incluso conocido ampliamente una amplia parte de la población, por lo que solemos ver en consulta, igual es conveniente volver a este tema y retomar conciencia sobre los peligros para la salud que conlleva el padecimiento de una respuesta de estrés habitual y continuada en la vida de las personas (de hecho hemos hablado ya de este tema en varios de los primeros escritos de este blog).

Cómo escribía, muchas personas ya conocen que nuestro organismo se debe ir adaptando, respondiendo ante cada una de las situaciones derivadas del devenir de los acontecimientos a los que debemos enfrentarnos a diario. Por tanto, se entenderá perfectamente que la complejidad de estos acontecimientos y/o la dificultad que tenga la persona para adaptarse y ajustar la respuesta de estrés a la necesidad que demanda cada uno de ellos, es de gran importancia para su salud. Cuando hablamos de estrés, solemos pensar en que estos acontecimientos suelen tener un cariz negativo, sin embargo, la realidad es que también se puede morir de éxito, como se suele decir (sin falta de razón).

Sí, nuestro organismo tiene límites, no se le puede pedir todo lo que deseemos o creamos debe proporcionarnos. Aunque es evidente que las diferentes características de cada uno de los organismos a nivel estructural son también relevantes (p.ej. edad o el estado de forma), todos y cada una las personas tienen su límite, a partir del cual, “petan” (permítaseme la expresión). Cuando nos acercamos o sobrepasamos dichos límites, nuestro organismo empieza a darnos avisos (momento en el que las personas deberían empezar a preocuparse), y cuanto más los sobrepasemos, tanto por la intensidad, como por la duración en la que se mantiene el organismo trabajando por encima de sus posibilidades, peores serán las consecuencias (de nuevo, creo que no descubrimos nada a nadie).

En la línea de lo que venimos argumentando, en la primera mitad del siglo pasado, Hans Selye, Austrohúngaro de nacimiento que finalizó su carrera de investigación en Canadá, gran estudioso de la respuesta estrés, termino que el mismo acuñó para este fenómeno (stress en el idioma inglés, que traducido literalmente sería tensión o presión ejercida en un objeto) que se produce en los organismos, a quien debemos el conocimiento de lo que él mismo llamó Síndrome General de Adaptación (o SAG), ya puso en nuestro conocimiento lo que puede suponer para los organismos vivos lo expuesto en el anterior párrafo. Selye concluyó tras los numerosos experimentos en laboratorio que: independientemente de la naturaleza del estímulo nocivo, el organismo responde de manera estereotipada. Esta reacción representa un esfuerzo del organismo para adaptarse a la nueva condición a la que es sometido, a la denominó SAG, que incluye tres etapas universales:

1. Fase de reacción de alarma. Ante un estímulo estresante o estresor, el organismo reacciona automáticamente preparándose para la respuesta, para la acción, tanto para luchar como para escapar de dicho estímulo. Se genera una activación con las típicas manifestaciones de sequedad de boca, pupilas dilatadas, sudoración, tensión muscular, taquicardia, aumento de frecuencia respiratoria, aumento de la tensión arterial, etc. Se genera también una activación psicológica, aumentando la capacidad de atención y concentración. Es una fase de corta duración y no es perjudicial cuando el organismo dispone de tiempo para recuperarse.

2. Fase de resistencia. Aparece cuando el organismo no tiene tiempo de recuperarse y continúa reaccionando para hacer frente a la situación. Aparecen los primeros síntomas de estrés.

3. Fase de agotamiento. Como la energía de adaptación es limitada, si el estrés continúa o adquiere más intensidad, pueden llegar a superarse las capacidades de resistencia, y el organismo entra en una fase de agotamiento, con aparición de alteraciones psicosomáticas.

Según el propio investigador comprobó, en la medida que el organismo se mantuviera en la segunda y posteriormente llegue a la tercera fase, el organismo podría desarrollar problemas de graves de salud; podéis ver al propio Selye en este corto video explicando esto mismo. Habitualmente, las personas que llegan a una consulta de psicología las podríamos situar en la fase 2 (las que están en la tercera fase es más probable que hayan terminado siendo atendidas por otros profesionales de la salud), fase en la que ven afectada su vida diaria de manera significativa. El tiempo en el que hayan estado en dicha fase de resistencia es un factor importante a la hora de poder intervenir y solucionar sus problemáticas. Por tanto, nuestra recomendación es que se acuda a consulta psicológica, lo antes posible, tanto para que resolver las dificultades sea menos costoso, como por su puesto para no llegar a la fase de agotamiento del organismo.

Las razones por las que producen una respuesta de estrés mantenida y recurrente en el organismo, sin tiempo a que este se recupere adecuadamente son muy diversas (incluyendo la poco sospechosa de tener una sobrecarga de tareas diaria, algo que parece que cueste entender, a veces), por lo que no vamos a detenernos más en ello, os emplazamos a que pidáis cita en Tu Psicólogo en Alcalá de Henares y se evalúe vuestro caso como es debido.

 

Francisco Morato Bermejo
Especialista en Psicopatología, Intervención Clínica y Salud